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jueves, 19 de enero de 2012

Vacaciones ¿Felices?

El tan ansiado momento de las vacaciones ha llegado, con él pueden surgir algunas situaciones de conflicto familiar que pueden hacer que este espacio de tiempo libre se viva con algunas emociones por momentos lejanas a lo placentero. El hecho de compartir las venticuatro horas del día con la familia, y algunas veces con personas del círculo extrafamiliar (situación que no ocurre durante el año laboral, académico y doméstico por estar abocados a las distintas ocupaciones) provoca que algunos problemas personales y/o vinculares salgan a la luz, como por ejemplo: problemas de pareja, en la sexualidad o en las disputas de poder, el tema de la disciplina con los hijos, roces con algún persona de la familia extensa, distribución de las tareas y responsabilidades en el ámbito doméstico, etc.
Asimismo pueden surgir problemas personales en relación a cómo utilizar eso que llamamos “tiempo libre”. Este último es un concepto complejo, porque no es simplemente “no hacer nada”, modo en que culturalmente se piensa al ocio: de ahí la celebre frase “El ocio es la madre de todos los vicios”, con esta representación del ocio, el placer y el tiempo libre adquieren connotaciones negativas. En contraposición los resultados que arrojan diversas investigaciones psicológicas y sociológicas plantean que el tiempo libre, es hacer, pero disfrutando, optando, en donde lo que predomina es la motivación con el objetivo de lograr placer, gratificación, tranquilidad, paz interior. Es complejo porque no es lo mismo para todas las personas. Tiene en común la motivación y el disfrute, pero las formas que pueden tomar esas actividades de tiempo libre son muy variadas. Es así que en muchos casos puede suceder que los diversos modos de emplear el tiempo libre lleven a “una guerra en casa”.
El tiempo libre es una construcción a la que se arriba. Esto quiere decir que no estamos habituados a emplear el tiempo en actividades placenteras, nos es más fácil aquello que nos viene estructurado desde fuera por las obligaciones laborales, académicas y domésticas. Las vacaciones configuran un viraje en nuestras rutinas y a veces el vacío que esto genera se transforma en un vacío en nuestro ser, puesto en la actualidad ser es hacer. Una de las funciones de las vacaciones es encontrar una lógica diferenciada del uso del tiempo en el trabajo. No hacer por hacer.
Llamaremos “operación recreativa” a las oportunidades que el sujeto se de para hacer lugar durante su tiempo liberado de obligaciones a la construcción de un nuevo tiempo, el tiempo vivido con libertad o tiempo libre. Es durante el tiempo liberado de obligaciones cuando se presentan condiciones favorables para realizar esta construcción, ya que es aquí donde bajan los niveles de exigencias y coerciones.
Quizás la persona pueda habilitarse a realizar el pasaje del tiempo liberado de obligaciones hacia el tiempo libre. Es una experiencia de autoconstrucción y de autonomía. Autoconstrucción en tanto se fabrica un tiempo nuevo, una vivencia subjetiva de autotransformación, de implicación con el deseo. Y de autonomía en tanto se instala un espacio único y propio, instante de soledad donde es uno y solo uno quien se hará responsable por el modo de transitar el tiempo.
Aprender a darse permisos, a quererse, a gratificarse, lleva a hacer no solo cosas por uno mismo sino por los demás.

En este sentido, el disfrute de experiencias de ocio se ha revelado como un factor de calidad de vida y un recurso de primera magnitud para estimular el desarrollo personal cumpliendo, además, una función terapéutica en determinadas situaciones.

Que hacer ante este panorama:

- Relajarse en relación a la exigencia que las vacaciones son cien por ciento felices y libres de conflictos, asumiendo que los problemas pueden surgir, siendo algo común en todos los grupos familiares.
- Intentar olvidarse del reloj, que el mismo no organice nuestro tiempo.
- No tomar decisiones apresuradas ante el surgimiento de desencuentros o conflictos que puedan surgir en la pareja y/ o familia.
- Repartir las tareas y obligaciones que se presentan en las vacaciones, a modo de evitar sobrecargas en alguno/s de los miembros de la familia. “Todos estamos de vacaciones”.
- Posibilitar espacios de soledad y reflexión, para que cada uno pueda disfrutar de sus gustos personales y encontrar actividades placenteras.
- Encontrar en la medida de lo posible espacios de intimidad para la pareja.
- Los límites no se toman vacaciones, las reglas y acuerdos deben ser claros y precisos para niños y adolescentes, así como las consecuencias en torno a las transgresiones de las mismas.
- El dialogo debe operar como un instrumento de abordaje y resolución de los conflictos.

martes, 3 de enero de 2012

Como enfrentar saludablemente el fin de año

Quizás sea frecuente pensar que el calendario es una cuestión trivial, que sólo nos permite organizar nuestro tiempo. Suele pasarse por alto que las fechas también tienen un significado simbólico para nosotros. Testimonio de esta aseveración son aquellas sensaciones que se presentan al acercarse el final del año. Una mezcla de apuro, alegría, tristeza, stress, euforia, añoranza, y hasta angustia puede apoderarse de nosotros.
El fin de año simboliza el final de una etapa en nuestra vida. Como toda conclusión, lleva a replantearse aquellas cuestiones que se establecieron como objetivos para el comienzo de aquella. El saldo del balance puede ser positivo si se pudieron concretar las metas establecidas al principio del año, o puede ser negativo si no se logró lo esperado. De todas maneras, evaluar el año en términos de resultados nos hace perder la idea de proceso, del esfuerzo, el trabajo y la energía necesario que invertimos para lograr aquello que nos propusimos, mucho más importante que los resultados en sí por el aprendizaje y experiencia que ello deja.
Es entonces, por sobre todo, una época de duelos: por lo que pudo ser y no fue, por los que ya no están, por las expectativas que no se concretaron, por el tiempo perdido irrecuperable, etc.
Pero a la vez es una época de alegría, festejos, esperanza por lo que puede ser el año entrante, por lo que viene.
Por otro lado, con el fin de año llegan los festejos familiares, que muchas veces pueden ser problemáticos por lo que implica juntarse con otros: así como generar alegría, pueden revivir antiguas enemistades, rencores o conflictos. Asimismo, estas fechas hacen presentes las ausencias, se presentifica aquellos seres queridos que deberían estar y no están, ya sea por el fallecimiento, o el alejamiento, o las separaciones.
Se plantean preguntas en este sentido: ¿con quien pasar las fiestas? ¿Cómo negociar con los otros el propio criterio o la propia elección? En este sentido, surgen conflictos internos entre lo que uno quiere y lo que debería ser. Es importante poder discernir entre aquellos mandatos que nos atan y no nos permiten elegir con libertad, entre aquellas cuestiones que se nos imponen como ideales de lo que debería ser, y lo que realmente queremos.
Como son situaciones que se repiten, resulta saludable comenzar a dialogar y establecer acuerdos con la pareja, la familia o los amigos, pudiendo expresar lo que pensamos, lo que queremos, escuchando la decisión de otros, realizando acuerdos.
Las fiestas de fin de año, simbolizan el cierre de una etapa, pero a la vez son el anticipo de aquello por venir, por dicha razón, deben ser una experiencia que nos motive y no que sea fuente de conflictos o sufrimiento. Conectarnos con nuestro interior, poder llegar a descubrir que es lo que realmente queremos, ser artífices y responsables de nuestras propias decisiones, empezando por elegir con quién realmente queremos comenzar este nuevo año, nos permitirá comenzarlo con esta nueva actitud.
Pensar que las fiestas pueden ser un momento de regocijo, que nos brinda la oportunidad de rodearnos de amigos, familiares o seres queridos y por qué no, construir nuevos vínculos, lo cual fortalecerá nuestra salud emocional, en primer lugar, nuestra salud mental y por ende nuestra salud física. El estar y compartir este momento con aquellas personas que son comprensivas y contenedoras es un remedio para cualquier dolencia o tristeza que pueda surgir en esta época.
Entonces, la mejor decisión es aquella que nos haga sentir bien con nosotros mismos, aunque sin olvidar a los otros para encontrar así un sano equilibrio

jueves, 17 de noviembre de 2011

ATAQUES DE PÁNICO “CUANDO FALTAN LAS PALABRAS”

En los últimos años se han incrementado las consultas de personas que padecen de “ataques de pánico”. Resulta importante poder definir en este contexto qué síntomas podemos englobar en dicha problemática: aparición temporal y aislada de miedo o malestar intenso, palpitaciones o elevación de la frecuencia cardiaca, sudoración, temblores, sensación de ahogo, opresión en el pecho, mareos, miedo a perder el control, miedo a morir, etc.
Las personas que consultan suelen concurrir en estado de urgencia debido al malestar que conlleva esta sintomatología y por presentarse muchas veces de manera azarosa en diversos contextos: al viajar en colectivo, al entrar en un negocio, en situaciones de stress (rendir un examen, enfrentar un cambio laboral, situaciones familiares complejas, separaciones, perdida de un ser querido, etc.).
En ocasiones, la angustia que se siente en las crisis subsiguientes no depende tanto de las causas que la originaron (algunas de las situaciones que mencionamos anteriormente) sino que algún evento trivial recuerda o se asocia en la mente a ese primer traumático episodio y a la posibilidad de pasar por la misma experiencia, provocando esas sensaciones negativas. Por ello, con el paso del tiempo, las crisis se despegan de una causa ubicable y comienzan a presentarse agravadas en intensidad y frecuencia en distintas situaciones, provocando un deterioro en diversas áreas de la persona que lo padece (actividad laboral, social, familiar, etc.)
Lo traumático de las crisis de pánico reside en la sensación de pérdida de control, de imprevisibilidad, y de la sensación de carencia de recursos para enfrentar esta situación de indefensión e impotencia.
¿Podríamos determinar una causa generalizable para estos problemas? No. La respuesta sólo puede ser singular para aquella persona que padece la crisis de angustia, dado que la misma es resultado de un proceso detenido (duelo, dificultades de pareja, problemas laborales, etc.) por no poder ser enunciado con palabras, algo permanece en silencio y hace manifestación en el cuerpo y la mente a través de los distintos síntomas.
¿Qué hacer frente a esta situación? La mejor solución a esta problemática es realizar una consulta temprana, es decir, ante la primera manifestación de los síntomas, con un profesional de la salud mental.
El tratamiento consistirá en elaborar herramientas para el afrontamiento de la angustia, intentando por medio de la palabra y del intercambio con otro, ubicar las causas para dicha angustia, favoreciendo de esa manera la elaboración de las situaciones que pudieron haber desencadenado el malestar.